26 may 2010

La Casa de Manolo





Daba la impresión de que el tiempo ya había pasado y lo que sucedía era una repetición en el presente. Iba a La Casa de Manolo una vez más, subiendo la última loma para ver aparecer debajo, donde desemboca la calle, aquella casa que me recordaba a otra donde era un niño y todo era mas grande. Allí vivían Los Artesanos durante el verano y en la mesa larga del comedor de la planta baja se creaba un ambiente de feria con todos ellos elaborando su metales y piedritas entre mates y cervezas, sahumerios y pipas. Los observaba a veces desde la planta alta entre las barras de la baranda y me encontraba a María Barrera bailando una chacarera en sepia sobre las tablas del salón o al Chavista de los Mandalas tocando un bolivariano rockanrol. Pero a veces, desde abajo, participaba de la escena donde era el cebador que hacía las preguntas y reía con las respuestas. Desde los ventanales se proyectaban lejanos lugares y personas, tiempos futuros y pasados como peliculas en las mentes de los habitantes de la casa. Empecé a ver las regiones inhóspitas que nunca ví, los paises exóticos que no conocí y hablaba sobre ellos con Marcelo, con Juan y Victor frente al escritorio verde de la planta superior. Soñaba con tierras transeúntes de mi pensar y vírgenes de mi mirar en el acto de hablar de la vida y del mundo.

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